Con permiso del autor, José Daniel Barquero, reproduzco este bonito artículo aparecido en el número de febrero de 2020 en la revista Duplex y que cuenta una anécdota de esas que te dejan con una sonrisa.
 En el año 1926 Charles Chaplin fue contratado por Edward L. Bernays para la campaña publicitaria de una cadena de radio, que daría fama a esta emisora, y que consistía en hacer oír por primera vez la voz de los artistas favoritos del cine mudo. La más esperada fue la de Charlie Chaplin, ya que generó mucha expectación.


 A la salida de la entrevista en el año 1926, cogió el metro de la ciudad de Nueva York en dirección a su casa y, al llegar a la misma y quitarse la ropa para irse a dormir, descubrió con asombro la presencia de un reloj de bolsillo en su abrigo, y se preguntó: ¿A quién puede pertenecer?  Finalmente desistió de investigar más y depositó el reloj en una de las comisarías de policía de Nueva York, tal como le dictaba su conciencia.

Al cabo de unos días una carta llegaba a su domicilio; decía así: “Querido Sr. Chaplin: Soy un carterista profesional. Ayer me encontraba cerca de usted en el metro, acababa de robar un reloj de oro a un señor grueso, que, claro está, no se había dado cuenta de nada, y como soy uno de sus más fervientes admiradores, deslicé el precioso reloj en su bolsillo como regalo y prueba de mi afecto y pericia hacia usted”

Habiendo transcurrido un año y un día tras haber depositado el reloj en la comisaría, explicaba Chaplin, el comisario de policía le devolvió el reloj, que nadie había reclamado, pues según la ley, el reloj pasaba a ser de Chaplin. Años más tarde, un periodista a quien Chaplin explicó el caso, se apresuró a publicar la historia bajo el siguiente titular: “El carterista que regaló un reloj de oro a Chaplin”.
 Una semana después de que saliera publicado el artículo, Chaplin recibió un paquete acompañado de una carta que decía: “Querido Sr. Chaplin: Me acabo de enterar que usted es el detentador de un reloj de oro que me fue sustraído el año pasado”.  Adjuntaba en la misma carta una descripción del mismo.  A continuación, añadía: “Le ruego lo conserve, ya que no solo le admiran los carteristas, y para probarle que la gente honrada le quiere aún más que los ladrones, le adjunto la cadena de oro que el carterista no logró desprender. Atentamente”.

«La verdadera historia del reloj de oro que nunca pagó Charlie Chaplin» © José Daniel Barquero, experto en historiografía, catalogación e inversión relojera antigua y fundador de MIARB.
Artículo publicado en la revista Contraste (febrero 2020, Grupo Duplex)


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