La Corona de los Andes

Lo prometido es deuda: cuando hablamos de las esmeraldas os había dicho que me reservaba una historia fascinante relacionada con ellas y hoy os la voy a contar. Parece el guión de una película, con piratas y todo, y aunque hay parte de leyenda, los sucesos importantes son reales. Para situarnos tendremos que irnos a  Colombia, la tierra de las esmeraldas por excelencia y en concreto, iremos a una preciosa villa colonial llamada Popayán, ubicada en un valle de los Andes.

Catedral de Popayán

Catedral de Popayán

Nuestra historia comienza en el año 1554 aproximadamente, cuando un brote de peste bubónica y viruela (menuda combinación) asolaba la América Colonial, dejando a su paso miles de muertos en Brasil, Perú y Quito. Las enfermedades avanzaban y los pobladores de Popayán estaban aterrorizados ante la inminente llegada de estas plagas, pero entonces el Arzobispo puso a la ciudad en cuarentena y conminó a los habitantes a rezar a la Virgen de La Asunción. Los ruegos o la cuarentena, cada cual que piense lo que quiera , funcionaron y Popayán esquivó las enfermedades entre el júbilo de la población. En agradecimiento se propuso hacer una colecta para hacer una corona a la Virgen, su salvadora, y todo el mundo puso lo que pudo. Entre la gente de buena posición, descendientes de la nobleza española que se asentaron en el territorio tras la conquista, había muchos que tenían esmeraldas, algunas muy antiguas. El arzobispo dejó muy claro que tenía que ser la corona más grandiosa hecha nunca, ya que no podía ser que ningún rey sobre la tierra, tuviese una corona mejor que la reina de los Cielos.

La impresionante corona de la Vigen

La impresionante corona de la Virgen

Se trajeron a varios orfebres españoles de gran reputación que se pasaron cinco años trabajando en ella, realizando una impresionante corona de oro y esmeraldas: dos quilos y medio de oro repujado a mano con una gran delicadeza y 453 esmeraldas de altísima calidad con un peso de 1500 quilates en total. Según se cree, la de mayor tamaño procedía del collar que Pizarro arrebató al inca Atahualpa, el que fue el último emperador de los Incas. Llaman la atención las que cuelgan en el interior de los radios de la corona: 17 esmeraldas talladas como lágrimas de una belleza asombrosa, dispuestas en la que se considera la pieza más bella de orfebrería colonial de todos los tiempos.

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El 8 de agosto de 1599, con la figura de la Virgen a lomos de un caballo blanco, el pueblo pudo contemplar la corona. En lo sucesivo, cada año la sacarían en procesión y mientras tanto, la corona estaría a recaudo de las gentes importantes de la cofradía. Pero los problemas no tardaron en llegar: la existencia de semejante pieza corrió como la pólvora y aquellos eran tiempos muy duros e inseguros. Bandidos y ladrones la acechaban. Un pirata inglés, al acabar un día de procesión, consiguió robarla. Ya se daba por perdida, pero las gentes de Popayán  lo persiguieron armados hasta los dientes hasta llegar a alta mar y tras una encarnizada lucha, consiguieron recuperarla. Hay que decir que, por lo visto, el pirata no estaba en condiciones de luchar mucho, porque ya había empezado a celebrar su éxito y ya sabemos cómo se le iba la mano con el ron a los piratas.

17 lágrimas de esmeralda perfectas

17 lágrimas de esmeralda perfectas

En adelante, para protegerla, dividieron la corona en tres partes que distintos cofrades guardaban por separado, de manera que uno nunca sabía donde la había escondido el otro. Luego, durante las fiestas, se unían los trozos para la celebración, y al acabar ésta, se volvía a realizar la misma operación.  Gracias a esta artimaña de la cofradía, la Corona de los Andes ha sobrevivido hasta nuestros días, aunque ya no esté en Popayán.

Porque muchos siglos después, sería la codicia interna, y no la de los ladrones, lo que haría que la ciudad perdiera la corona. Algunos de los descendientes de aquellas gentes que con tanto valor la defendieron, no sentían el mismo apego por ella. Tras cuatrocientos años, el sentimiento de ser custodios de un bien común que era el símbolo de la ciudad, se fue difuminando y a principios del siglo XX,  algunos cofrades pensaron que venderla sería una interesante idea, interesante para ellos, por lo que se vio. Así que, en connivencia con el obispo, pidieron permiso al Papa Pio X para iniciar los trámites, con el pretexto de que se necesitaba el dinero para construir un orfanato y un asilo.

No les era fácil encontrar un comprador, pero en 1916 encontraron a alguien interesado y dispuesto a pagar bien: el zar Nicolás II de Rusia. En la familia real rusa siempre habían sido unos locos por el lujo y las joyas: otro día os hablaré de Catalina la Grande y su impresionante colección.  Sin embargo, la venta de la corona al zar no pudo realizarse a causa  del estallido de la Revolución Rusa, en la que fue ejecutado. Varios años después, fue comprada por el empresario estadounidense Warren J. Pipper por 125000 dólares. Hubo denuncias, protestas, abogados…pero los de Popayán se quedaron sin su corona y encima, el orfanato y el asilo no fueron construidos nunca, aunque si se construyó un nuevo edificio del arzobispado.

El zar Nicolás II, malos tiempos para andar comprando joyas

El zar Nicolás II, malos tiempos para andar comprando joyas

Pipper dijo en su momento que iba a desguazarla y vender las piedras por separado, pero por suerte no lo hizo y la corona apareció intermitentemente en algunas exposiciones e incluso, para promocionar la presentación de un nuevo modelo Chevrolet en Chicago. Recientemente ha vuelto a estar de actualidad, ya que en 2016 fue presentada como la última adquisición del MET, el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, que es donde hoy en día se puede contemplar esta maravillosa pieza. Al pueblo de Popayán y al gobierno de Colombia les gustaría recuperarla, pero me imagino que los del MET no la soltarán fácilmente, ya que está valorada en 2,5 millones de dolares. Ojalá algún día pueda volver a estar en su sitio.

Y me despido por hoy compartiendo con vosotros, en absoluta primicia,  uno de mis últimos diseños con esmeraldas : se trata de una anillo de oro de 18k hecho a mano, con tres esmeraldas colombianas muy bonitas en talla octógono, acompañadas de tres brillantes.

Anillo Kandinski

La  montura, de líneas muy arquitectónicas, permite el paso de la luz a través de las piedras en todas las direcciones, aumentando su belleza. Quise crear una pieza de diseño arriesgado para unas piedras que, en principio, parece que piden una montura clásica. Sin embargo, y perdonad que me elogie un poco, creo que es precisamente ese contraste donde reside el acierto del diseño. Ya me contaréis si os gusta!

Podéis ver más información aquí: http://www.joyeriafgallego.com/joyas/joyas-oro/anillos-oro/anillo-soeb01

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Las joya extraterrestre de Tutankamon

Si hablamos de la orfebrería en la Historia no podemos dejar de acercarnos al Antiguo Egipto: la calidad de sus artesanos y las cotas de lujo y refinamiento que alcanzaron, nos han legado algunas de las piezas más increíbles, suntuosas y sorprendentes de este arte. Si pensamos en esta cultura, en las imágenes que nos vienen a la mente predomina el dorado. Y aunque son muchos los tesoros egipcios que, de distintas épocas, se pueden contemplar en los museos de medio mundo, quizás el más famoso por su calidad y volumen sea el del faraón Tutankamón.

Tutankamon de niño en una talla de madera policromada

Tutankamon de niño en una talla de madera policromada

No fue el rey Tut uno de los faraones más importantes ni mucho menos: murió muy joven, presumiblemente de malaria y su gobierno duró apenas nueve años, hacia el  1318 a.C. Aun así tuvo tiempo de restaurar el antiguo culto religioso a Amón y los otros dioses de la religión tradicional, que su antecesor Akenatón había suprimido unos años antes, en uno de los primeros experimentos de monoteísmo de la Antigüedad.

La importancia de Tutankamón se debe a que su tumba no fue saqueada porque era un sepulcro relativamente pequeño y que  al quedar enterrado, escapó a la codicia de los ladrones de tumbas que durante 3000 años, fueron robando los tesoros de las otras tumbas reales, sabedores de las riquezas que en ellas se guardaban.

Así que fue precisamente su poca importancia lo que lo convirtió en tan importante: al estar intacta su tumba, ésta nos ha dado muchísima información y nos ha permitido conocer con precisión aspectos de la vida de aquella época de los que sólo se tenían indicios.

Howard Carter (izda.) y Lord Carnarvon

Howard Carter (izda.) y Lord Carnarvon

Y todo esto se lo debemos a un arqueólogo tenaz y riguroso que dedicó su vida y arriesgó su reputación para encontrar esta tumba en 1922: Howard Carter. Después de muchos años de estudio sobre el terreno, este egiptólogo inglés estaba convencido de que tenía que existir este sepulcro en el Valle de los Reyes y logró convencer a un adinerado aristócrata británico, Lord Carnarvon, de que financiase el proyecto. Pero las cosas se torcieron en más de una ocasión: pasaban los meses y no aparecía nada digno de importancia, así que Carnarvon amenazaba a Carter con cortar la financiación. Pero Carter, hombre tozudo, fue capaz de transmitir tanta seguridad que pudo seguir excavando unos días más. Cuando apenas quedaba un día para que expirase el plazo que Carnarvon le había dado, casi en el último minuto, un niño de 10 años que llevaba agua a los obreros encontró un escalón que descendía en la excavación. Tras profundizar más, apareció una puerta sellada desde hacía tres milenios. Imaginaos la emoción que pudieron sentir, más aun, cuando tras cortar el sello con cuidado, accedieron a una sala en la que el tiempo se había detenido en el 1327 a.C.

Todo el ajuar funerario de Tutankamón estaba allí: desde su sarcófago, sus impresionantes joyas y armas, hasta sus sandalias de oro o sus vestimentas, algunas de las cuales se deshicieron en polvo sólo con intentar tocarlas. Gracias a lo riguroso que era Carter, todos estos tesoros, nada menos que 5800 objetos,  se pudieron inventariar y clasificar científicamente, labor que le llevó nada menos que 10 años.

Carter después de abrir el sarcófago

Carter después de abrir el sarcófago, ¡Qué momento!

Tutankamon de niño en una talla de madera

Precioso lecho ritual de oro encontrado en la tumba

Quizás la pieza más conocida para todos nosotros sea su maravillosa máscara mortuoria, hecha con 11 kilos de oro puro incrustado con cornalina, lapislázuli y turquesa representando el rostro del faraón a la edad de su muerte, 19 años. Esta máscara estaba cubriendo la cara de su momia, la cual estaba a su vez dentro de tres sarcófagos a modo de muñeca rusa, siendo el más interior de oro macizo y con un peso de 110 kilogramos.

Máscara funeraria de oro macizo

Máscara funeraria de oro macizo

Todos sabemos que los egipcios momificaban a sus muertos para preservar el cuerpo que el difunto necesitaría en la vida que vendría después de la muerte y durante su viaje al otro mundo. Con ellos enterraban también todas las cosas necesarias para esa nueva vida como ropas, alimentos, armas…No es que pensaran que el muerto se iba a alimentar con esa comida, la cosa era más sutil: el Ka era una parte del alma,  presente en todo lo que tiene vida  y  estaba indisolublemente unida al cuerpo, por eso había que embalsamarlo. El Ka del difunto se alimentaría del ka de los alimentos, no de la parte material.

Reconstrucción de lla cara a partir de su momia

Reconstrucción de la cara a partir de su momia

La momia apareció acompañada de ánforas de vino en la que estaba anotada el tipo de vino y la cosecha (se ve que era un gourmet) y un ejército de Ushebtis, unas figuritas que  cobrarían vida y se ocuparían de las cosas que a ninguno nos gusta hacer: fregar, limpiar…

La joyas que se encontraron son impresionantes: amuletos, brazaletes,collares y anillos, además de un carro de batalla de oro, numerosas ánforas talladas en alabastro y muebles también de oro.

Y una de las más curiosas que apareció, es la que he usado para atraparos en el artículo de hoy, con un título un tanto sensacionalista, pero que no es incorrecto en absoluto. Me he aprovechado de las pamplinas que mucha gente dice sobre el Antiguo Egipto: que si los marcianos hicieron las pirámides, que si inteligencia extraterrestre…las explicaciones «fáciles» que solemos dar a aquello que no entendemos hasta que la ciencia, antes o después, se encarga de dar la solución.

El precioso pectoral de oro y piedras que veis en la foto tiene en el centro un escarabajo amarillos-verdoso que Carter identificó en sus momento como un tipo de ágata. Sin embargo, recientes análisis con nuevas técnicas han demostrado que el escarabajo está hecho de una piedra mucho más especial. Os cuento: en el desierto de Libia aparecen de vez en cuando unos extraños cristales que se formaron por el impacto y explosión de un objeto del espacio, en este caso, un cometa. Efectivamente, el choque de un cometa contra las arenas del desierto produce una explosión a tal alta temperatura, que el sílice se funde y se cristaliza creando un vidrio del que podemos afirmar correctamente, que tiene un origen extraterrestre. Es evidente que en la época de Tutankamón, aunque no conocieran su origen, ya consideraban estos vidrios del desierto como una gema exótica, de una rareza tan inusual que la hizo merecedora de ser el centro de esta joya del faraón.

Pectoral con el escarabajo de origen espacial

Pectoral con el escarabajo de origen espacial

Las técnicas empleadas por los orfebres de entonces todavía se siguen usando, pero muchas veces cuando contemplo algunas de sus piezas, me asombra la perfección que alcanzaron. Y sobre todo, llama la atención su estilo: aunque necesariamente ostentoso, es también depurado y elegante. Usaban mucho el lapislázuli y otras piedras semipreciosas, además de la fayenza, que es una cerámica vidriada hecha a partir de arena fundida.

Pero el objeto que a mi me llama más la atención es uno nada espectacular, pero de un simbolismo enternecedor: un cofrecillo en el que había un mechón de pelo de la abuela de Tutankamón, un recuerdo que debía ser de gran valor sentimental para él.

 

Brazalete de oro con escarabajo de lapislázuli

Brazalete de oro con escarabajo de lapislázuli

Y está claro que no podemos hablar de todo esto sin tocar el tema de la famosa maldición. Me encantan las historias de miedo pero en este caso, creo que fue algo creado de una manera un tanto artificial, pero vamos a verlo porque la cosa tiene su morbillo. En el sello que cerraba la puerta de la tumba, había una inscripción que decía:

«La muerte golpeará a aquel que turbe el descanso del faraón»

Tenemos que tener en cuenta que el descubrimiento tuvo un enorme impacto mundial generando una ola de interés en Occidente por el Antiguo Egipto como nunca se había visto: los medios dieron muchísima cobertura al hallazgo y cuando, casualmente, fallecieron algunos miembros de la excavación, el espectáculo estaba servido. Las historias de miedo venden muchos periódicos y todo se adornó de manera poco rigurosa, extendiendo la fama de la maldición como la pólvora. Sin embargo, la verdad es que este tema no resiste un análisis un poco serio: Lord Carnarvon murió a los pocos meses en el Cairo a causa de una infección causada por una pequeña herida, pero no es nada muy extraño si consideramos que era un hombre ya enfermo y no existía la penicilina. Algunos miembros del equipo murieron a lo largo de los años, pero otros tantos vivieron largas vidas, como el mismo Carter, que falleció a los 64 años y debería haber sido sobre el que recayera con más furia la maldición.

Portada de un periódico de la época

Portada de un periódico de la época

Lo que si es cierto es que hoy en día los egiptólogos, cuando abren una tumba, dejan que se airee unos días antes de entrar, ya que está demostrado que pueden haber encerrados en ellas algunos tipos de hongos tóxicos. Esto podría ser una explicación a alguna de las muertes atribuidas a la maldición.

 

Antes de despedirme por hoy, quiero enseñaros una de las últimas piezas que he realizado en mi taller con un amuleto egipcio auténtico. Se trata de un Bastet, que era la diosa de la alegría, la armonía y la felicidad. Se representaba con forma de gato y por esa razón estos animales eran sagrados en el Antiguo Egipto. Es de la Baja Época, de entre los años 664 a 525 antes de Cristo y como todas las joyas de mi Colección Antiques, es una pieza única.

El amuleto, de fayenza,  lo he adquirido de un prestigioso anticuario y está certificado. Le he hecho una montura de oro que la realza y protege, para que pueda ser usada  2500 años después, en una fusión de la orfebrería moderna con el arte de los antiguos. ¡Espero que os guste!

Colgante con amuleto Bastet antiguo, montado en oro por un servidor

Colgante con amuleto Bastet antiguo, montado en oro por un servidor

Podéis ver toda la información aquí: http://www.joyeriafgallego.com/joyas/coleccion-antiques/colgante-ajv30

 

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¿Por qué celebramos San Valentín?

El Día de los Enamorados es una tradición mucha más antigua de lo que podáis imaginar. Es cierto que en España no gozaba de implantación hasta hace relativamente poco: en concreto desde los años 50, cuando la cadena comercial Galerías Preciados la introdujo en nuestro país con el fin de promocionar el consumo en una época de ventas flojas. Y como ha sucedido recientemente con Halloween, la cosa funcionó y la costumbre quedó incorporada a nuestro calendario. Y es que realmente, la mayoría de las celebraciones, más recientes o más antiguas, son siempre importadas o se han mezclado ritos existentes con otros foráneos, como sucedió con la Navidad. Las culturas se comunican y toman elementos prestados de otras, en un continuo intercambio desde que el mundo es mundo. Decía Woody Allen que la tradición es la ilusión de lo inmutable, expresando así muy claramente que todo está siempre en perpetuo cambio. Y si se trata de incorporar fiesta y diversión, los seres humanos estamos siempre más que dispuestos.

Pero como decía, la celebración de San Valentín es antiquísima en otros países y tiene historia muy interesante, de la que os voy a contar un poco. También hablaremos de  algunas curiosidades relacionadas con las joyas y las bodas,lo anillos de compromiso y las alianzas, aquí y en otros sitios del mundo.

San Valentín, un hombre obstinado

San Valentín, un hombre obstinado

El origen de este día consagrado al amor se remonta a la Antigua Roma, donde el 15 de febrero se celebraban las Lupercales, un fiestorro un tanto salvaje en el que, convocando a la fertilidad, las mujeres se dejaban perseguir por jóvenes disfrazados y armados con látigos y que solían acabar con un desmadre general al estilo romano (de ella derivan también los carnavales). Esta fiesta lúbrica y pagana no podía durar mucho cuando el cristianismo alcanzó el poder y en el 496  las Lupercales fueron prohibidas por el Papa que instauró el 14 de febrero como día de San Valentín, un sacerdote que, según la tradición cristiana, se dedicaba a celebrar matrimonios entre los soldados (quiero decir entre los soldados y sus novias,claro). En esa época el matrimonio estaba prohibido para los que estuviesen en el ejército , ya que al emperador Claudio Gótico, le parecía incompatible con la carrera militar. Así que, cuando pillaron a Valentín oficiando bodas, le dieron un toque para que dejase de hacerlo, pero como el hombre siguió casando gente, lo decapitaron en el año 270 d.C. Siglos más tarde la Iglesia lo haría santo.

El poeta Geoffrey Chaucer menciona el día de San Valentín de 1382 en un poema dedicado a los pájaros, que en los países nórdicos buscan pareja y se aparean en esa época. Unos años más tarde, Carlos de Orleans escribió una carta a su esposa en ese día y es  la carta de San Valentín más antigua que se conoce. Ya véis que la tradición viene de largo y se fue extendiendo a Reino Unido y otros países a lo largo de los siglos. En Estados Unidos, sería en 1842 cuando se haría comercial, ya que fue el primer año que se popularizaron las tarjetas con forma de corazón. Por cierto que allí se celebra el amor en general y la gente hace regalos a las personas por las que sienten afecto y no sólo a sus parejas. En Japón en cambio, se celebra un mes más tarde, el 15 de Marzo, y se llama «día blanco» y se regala mucha ropa interior. Y en Corea, tienen día de los enamorados todos los meses (qué agotador).

Y hablando de distintas costumbres y de enamorados, hay también curiosas diferencias entre los países a la hora de la petición de mano, como por ejemplo el uso del anillo de compromiso. Aquí en España la costumbre del anillo se ha impuesto desde hace unos 30 años, porque hasta los años 70 lo mas frecuente o popular era regalar una pulsera, la famosa «pulsera de pedida», que seguramente os suene por haber alguna en vuestras casas. En los 40 del siglo XX solía ser un brazalete rígido de oro amarillo que podía llevar unas piedras en la parte superior engastadas sobre motivos florales. Años después hizo furor el modelo «princesa», una pulsera ancha hecha de piezas móviles como escamas, de la que muchas veces se colgaban monedas o medallas.

Típica pulsera de pedida de los años 60

Típica pulsera de pedida de los años 60

En cambio, en el resto de Europa y Norteamérica, siempre se llevó regalar un anillo, aunque  no siempre era con diamantes como ahora. El anillo de pedida más antiguo con diamante que se conoce fue el que le regaló Maximiliano de Austria a María de Borgoña en 1477, pero este obsequio se hizo realmente popular en 1947 a raíz de una sensacional campaña que la empresa de diamantes De Beers: fijaos en el poder de la publicidad cuando se une un buen concepto acompañado de una buena frase. La compañía De Beers quería expresar en su campaña que el diamante era la piedra ideal para representar el amor incondicional y duradero, así que contrataron a una publicista que creó la frase «un diamante es para siempre». El éxito de la campaña fue tan grande que desde entonces, el 80% de los anillos de compromiso son con diamantes, De Beers se forró y se considera que esa frase es el mejor slogan publicitario del siglo XX. En los años 80 se hizo aquí una campaña usando esa frase en una canción que tuvo también mucho éxito y que muchos recordaréis.

Solitario con diamante de 0,20 qt hecho por mi

Solitario con diamante de 0,20 qt hecho por mi

El anillo más demandado es el de tipo solitario: una piedra central sujeta por garras, que puede llevar o no a los lados otros brillantes pequeños engastados en el aro. Además de este, hay multitud de diseños para todos los gustos y bolsillos. Si queréis saber más sobre los diamantes os recomiendo que leáis el artículo que les dediqué hace un par de meses y veréis que no hay que asustarse con el tema del precio. Hay desde sortijas de compromiso realmente asequibles, a aquellas muy lujosas con piedras de gran tamaño y calidad. En cualquier caso, lo importante es el sentimiento con el que se regala, aunque sea un anillo de latón, como el que llevan a grabar a Tiffany’s los protagonistas de la peli Desayuno con Diamantes (y se lo graban, porque aunque son pobres como las arañas, son guapos , encantadores y se les ve enamorados).

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Desayuno con Diamantes

Que el más habitual sea el solitario, no significa que no quede muy bien otro tipo de anillo, como una cinta con brillantes o una sortija con pavé, incluso un anillo con piedra de color. Lo que si es recomendable es que los chicos, a veces muy despistados con estas cosas, sondeen a su novia  con discreción para saber qué tipo de modelo le hace más ilusión y así acertar seguro. También sirve prestar atención a lo que ella dice cuando se para en un escaparate, en vez de poner la mente en «modo avión».

¿por qué no un anillo como este, de mi Colección Apilables, como anillo de compromiso?

Un anillo de compromiso diferente, de mi Colección Apilables

Una cosa que me preguntan muchas parejas: ¿dónde se pone? En España, lo habitual es llevar el anillo de compromiso en la mano izquierda y, una vez casados, llevar la alianza en la derecha. En esa momento hay chicas que se pasan el solitario a la derecha , junto a la alianza, pero eso es a gusto del personal. Por ejemplo, en Cataluña y los países anglosajones, se lleva la alianza en la izquierda. En los países escandinavos las chicas regalan a los chicos un anillo de compromiso que luego ya será la alianza de él. En Estados Unidos, ellas suelen llevar una alianza engastada con brillantes alrededor (se llama alianza infinita) y se la ponen también junto al solitario, haciendo un bonito efecto. Allí se está poniendo de moda que en lugar del reloj o los gemelos, la chica regale al chico también un solitario de diamante de diseño masculino: es una costumbre que podríamos importar y que nos haría felices a los joyeros…

Alianza diseñada por mi, en oro amarillo mate y blanco, con brillantes laterales

Alianza diseñada por mi, en oro amarillo mate y oro blanco, con brillantes laterales

Por cierto, que hablando de alianzas, cada vez es más habitual que una pareja encargue alianzas distintas. Antes era inconcebible, pero en la actualidad, la alianza se ha liberado de ser siempre el sencillo aro curvo al que estábamos acostumbrados: ahora las hacemos de distintos colores de oro, como oro blanco y rosa, con formas y acabados novedosos, geométricas, de aspecto rústico combinando con lisas…Entre tanta variedad, a veces las parejas no se ponen de acuerdo y la verdad es que no pasa nada si cada uno elige un modelo diferente. Eso sí, por muy raro que sea el diseño, a mi  personalmente me gusta que se sepa, o por lo menos se intuya, que es una alianza, así que creo que hay que elegirlas teniendo en cuenta esto.

Las bodas son otro tema que está lleno de curiosas costumbres y simbología, y otro día hablaremos más de ellas. Está claro que el matrimonio siempre ha sido una decisión importante y se considera que, por mucho amor que haya, no está de más invocar  a la fortuna por si acaso. Por ejemplo, la frase «en martes no te cases ni te embarques» viene otra vez de la Antigua Roma: como ese era el día de Marte, el belicoso dios de la guerra, se creía que un matrimonio celebrado en esa fecha, estaría lleno de conflictos. Llevar algo azul, es una costumbre que venía de Israel y tiene también el propósito de traer buena suerte, de la misma forma que las latas arrastradas por el coche de los novios eran para alejar a los demonios con su ruido. Lo de tirar arroz era ya antiguamente una invocación a la abundancia y la fertilidad (aunque en Bulgaria a los novios les arrojan higos) y las parejas de las tribus germánicas se casaban en noches de luna llena y tomaban una bebida hecha con miel para atraer también la fertilidad: de ahí viene la luna de miel. Me hace gracia la simbología de las bodas polacas: siempre se da a los novios pan, sal y vodka. El pan, por los alimentos que compartirán, la sal por los momentos difíciles que les tocará pasar, y el vodka representa las alegrías que vivirán juntos.

Alianzas de oro blanco rústico y oro rosa, también diseño mio, hechas a mano

Alianzas de oro blanco rústico y oro rosa, también diseño mio, hechas a mano

Antes de acabar, un consejo de profesional sobre las alianzas: que os ajusten bien la medida. Es algo en lo que siempre me fijo mucho cuando una pareja me las encarga. No deben quedar ni flojas ni apretadas, pero quizás si un poquito tirando a ajustadas: pensad que, a diferencia de otros anillos, se llevan todo el día puestas y es fácil que, si quedan flojas, se puedan perder, sobre todo al mojarse las manos. Hace años, en un viaje, me contaba un pescador caribeño que el arrecife estaba lleno de alianzas de recién casados que habían ido allí de luna de miel. La verdad es que es una pena perder la alianza, porque aunque te puedes comprar otra, ya no es lo mismo. Así que ya sabéis, fijaos bien en la medida porque si no , os pasará lo que a los lagartos de este poema de Federico García Lorca:

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay, cómo lloran y lloran,
¡ay! ¡ay! cómo están llorando!

Enlaces a las piezas:

Solitarios: http://www.joyeriafgallego.com/joyas/joyeria-para-novios/anillo-de-compromiso

Colección Apilables: http://www.joyeriafgallego.com/joyas/anillos-apilables

Alianzas: http://www.joyeriafgallego.com/joyas/joyeria-para-novios/alianzas

 

 

 

 

 

 

Las semipreciosas: aguamarinas, amatistas y topacios

Le debía un artículo a las piedras semipreciosas, ahora que ya hemos hablado de los diamantes, esmeraldas, rubíes y zafiros. Pareciera que ese prefijo «semi» las relega a una categoría inferior y en cierto modo, así es. Pero hay mucho de convencionalismo en esa clasificación, ya que se debe simplemente a que son mucho más abundantes. Esto no  tiene que ver con la belleza, sino con el precio que los seres humanos ponemos a la exclusividad o la  rareza de las cosas. Lo cierto es que algunas semipreciosas son muy bonitas y fueron consideradas a la altura de las otras durante muchos siglos, hasta que se descubrieron grandes yacimientos que las hicieron bajar de valor.

Qué contento está este señor con su tremenda aguamarina

Qué contento está este señor con su tremenda aguamarina

Esto fue lo que ocurrió con las Aguamarinas, una piedra que cuando tiene buen color y brillo, es una preciosidad. Su nombre viene evidentemente, de su tono parecido al color del mar y con el mar ha estado siempre relacionada: los marineros de la Antigüedad creían que llevar un amuleto con esta piedra podía protegerlos de las tempestades. Es una variedad azul del berilo, por lo que viene siendo «prima» de las esmeraldas y las hay de muchos tonos: desde el azul claro hasta las de tintes verdosos. Las mayores minas están en Brasil, aunque también son grandes productores otros países como Afganistán, Rusia o Mozambique.

Se dice que en la Antigua Roma, para valorar una aguamarina, la sumergían en agua de mar y sólo aquellas que se volvían «invisibles» por ser del mismo tono que el entorno, eran consideradas de buena calidad. Hoy en día se valora que tengan un tono azul lo más intenso posible y cuando una tiene este color y además es de buenas dimensiones, del tamaño de una avellana hacia arriba, puede llegar a ser bastante cara. Eso si, nunca alcanzará el precio de una piedra preciosa de buena calidad y mismo peso. Hay aguamarinas desde 20 euros por quilate hasta de 800 por quilate, según la calidad. Para que os hagáis una idea, una aguamarina de excelente color y sin impurezas de cinco quilates puede costar 500 euros,  mientras que un diamante equivalente costaría 100.000.

Una aguamarina de madagascar en talla lágrima

Una aguamarina de Madagascar en talla lágrima

Es frecuente que se la confunda con otra semipreciosa, el Topacio azul, una piedra más económica pero que a mi me encanta. El topacio es de otra familia, los silicatos y los hay de todos los colores: rojizos, amarillos, fumé (de color ahumado) y azules. Antiguamente se creía que los topacios cambiaban de color en presencia de un veneno, de ahí que fuese frecuente que estuvieran a mano en las mesas de reyes y otras gentes que podían temer por su vida. Como decía, comparados con las aguamarinas, suelen ser más baratos y una buena opción para tener una hermosa piedra sin tener que pedir una hipoteca.

Anillo hecho por mi en oro blanco con un precioso topacio azul, de excelente color y brillo

Anillo hecho por mi en oro blanco con un precioso topacio azul, de excelente color y brillo

Hay que decir que hoy en día es frecuente que estas piedras sean sometidas a tratamientos para mejorar su color, por ejemplo elevándolos a altas temperaturas o irradiándolos. Aunque esto, por lo general, permite disponer de piedras de buen tono a menor precio, a veces puede hacerlas ser más caras, debido a lo costoso y sofisticado del tratamiento. En la foto podéis ver un ejemplo de topacio London Blue, que se consigue irradiando un topacio en un reactor de neutrones. Este proceso es tan caro que hace la piedra sea más valiosa, además de conseguir un tono que no existe en la naturaleza: un profundo azul con destellos eléctricos.

Este anillo, también en nuestra tienda, lleva un topacio London Blue espectacular

Este anillo, también en nuestra tienda, lleva un topacio London Blue espectacular

Y llegamos a la Amatista, la piedra de los nacidos en este mes de febrero, que con su tono púrpura o violeta, es una gema usada también desde la Antigüedad y a la que se atribuían poderes sanadores muy interesantes: en concreto, se decía que sostener una quitaba los molestos síntomas de la resaca y más aun, sosteniendo una en las manos, se te pasaba la borrachera. ¡De hecho su nombre viene del griego «amethystos» que significa «no-borracho»! Había quien bebía el vino en una copa hecha de amatista porque ésta anulaba los efectos del alcohol…

Siempre fue una piedra relacionada con el vino,  debido a su color: la mitología greco-romana dice que la piedra nació cuando el dios Baco, la divinidad de la juerga y los placeres sensoriales, lloró sus lágrimas de color del vino sobre una roca blanca. Fue también piedra de emperadores, ya que el púrpura era el color de su cargo y en la Edad Media sería el símbolo de la castidad: todavía hoy en día es la piedra elegida por muchos cardenales de la Iglesia. Por cierto que Leonardo Da Vinci estaba convencido de que tener una amatista aumentaba la inteligencia: no es por contradecir al genio renacentista, pero yo las he tenido muchas veces en mis manos y no he notado nada (a lo mejor necesitaría una bien grande). Curiosamente, los monjes tibetanos usan una especie de rosario con cuentas de amatista porque  creen que favorece la meditación.

Geoda de amatista, la más grande del mundo

Geoda de amatista, la más grande del mundo

Las amatistas son cuarzos que tienen presencia de átomos de hierro y al igual que las anteriores, su precio bajó mucho desde que se descubrieron grandes yacimientos en Brasil en el siglo XIX.  Es una piedra que se encuentra en todos los continentes y puede ser de tonos que van desde el rosa intenso al violeta oscuro, como las que se extraen en Uruguay y que son de las más valoradas del mundo.

Amatista de Uruguay

Amatista de Uruguay

Un primo cercano de la Amatista es otro cuarzo, el Citrino, de color amarillo dorado. Como es escaso, es frecuente que muchas veces sean amatistas a las que se ha dado calor, con lo que cambian su color del violeta al ámbar.

En cuanto a su precio, y al igual que el topacio, no es la amatista una piedra excesivamente cara y es una buena opción si te gusta su color: ya veis que la Naturaleza nos brinda todo un arcoiris de gemas  con una infinita variedad de tonos. Hay muchas más piedras semipreciosas de las que hablaremos otro día, muchas de ellas con preciosos colores, como  la turquesa, el lapislázuli, las ágatas, los granates… Algunas son poco conocidas, como este cuarzo limón que acaban de mandarme y para el que todavía no he pensado el diseño (ya os lo enseñaré cuando la haya montado)

A ver qué joya se me ocurre para montar este cuarzo limón

A ver qué joya se me ocurre para montar este cuarzo limón

 

 

Con toda esta maravillosa variedad de gemas,  de lo que se trata es de elegir la piedra que nos parece bonita y por supuesto que está montada de una manera que nos atrae. En el mundo de la moda todo va muy rápido: un año viene el rosa y al siguiente el verde, por lo que creo que no nos debe influir este tipo de consideraciones y convertirnos en esclavos de las modas. La joya, si es ya de un valor, suele ser algo para mucho tiempo y al elegirla,  creo que hay que buscar aquella que a uno le dice algo, que va con su estilo y que «conecta» con uno mismo. Pero tampoco tiene que ser siempre definitivo: lo bueno que tiene una joya es que, si pasado el tiempo, te cansas de su diseño, se puede fundir el oro y hacer una pieza completamente diferente, con la ventaja de que ya tienes los materiales, que son lo más caro.

Una buena opción para lucir siempre la joya adecuada y con el color acorde a la tendencia de cada momento, es que te compres un montón de joyas diferentes: esta es la opción que más nos gusta a los joyeros, jejee.